La Ribera del Queiles
La
historia de la Ribera de Navarra y especialmente la de los pueblos
situados en la Margen derecha del Ebro, es decir, en la Ribera del
Quiles, es la historia de sus olivos y aceites. Los primeros
testimonios de molinos de aceite o trujales de la zona los encontramos
en las villas romanas de Cascante, Barillas y Ablitas.
En el primer tercio del siglo XX, en Cascante había 15 almazaras o trujales que, según
los años, molturaban entre 3 y 5 millones de kg. En esa
época, además, funcionaban también 5 trujales en
Tudela, y dos en cada uno de los municipios de Murchante, Ablitas y
Monteagudo.
La variedad inmensamente mayoritaria era "Empeltre" y su cultivo se
concentraba en la terraza fluvial del río Queiles,
particularmente en el paraje denominado “Torrecilla”. Se
disponen de documentos datados en el siglo XVI en los que se comprueba
que ya en esa época los cultivos más frecuentes en dicho
paraje eran la viña y el olivo en cultivos separados o
asociados.
En Cascante las fincas tradicionales de olivos se llaman
“empetrerías” pues hasta épocas recientes,
olivos y empeltres eran palabras “sinónimas”. La
finca de donde procede nuestro aceite está ubicada en el paraje
de “Torrecilla” y su suelo se caracteriza, como terraza fluvial que es, por su textura
franco-arenosa con muchas gravas que permiten enraizar en profundidad
al olivo y, por tanto, subsistir con una moderada aportación de
agua de riego.
El clima es de tipo mediterráneo continental, propio de la
depresión del Ebro. Los valores anuales medios más
notables medios son: 13º-14º C de temperatura, alrededor de
400 mm de precipitaciones, caídas en unos 60 días, y
725-800 mm de evapotranspiración potencial. El verano es seco,
la irregularidad pluviométrica grande y la oscilación
térmica acusada. Domina el viento del Norte, también
llamado Cierzo.
En Enero del año 1946 (el día 17) se produjeron
temperaturas muy bajas que llegaron a helar una buena parte de
las plantas de manera que muchas de las plantaciones (alrededor del
35%) se arrancaron y, el resto se tuvieron que cortar desde la
parte baja del tronco para que volviesen a rebrotar y no volvieran a
ser plenamente productivas hasta 5 ó 6 años más
tarde pero, entonces la producción global apenas alcanzaba los 3
millones de kg. En el invierno del año 1956 se produjo una nueva
helada lo que unido al precio de la leña, la disminución
de la rentabilidad del cultivo, el creciente interés de la
viña y la política de subvenciones, produjo una nueva y
disminución de la superficie olivarera. En los
últimos 10 años de nuevo ha crecido el interés por
la producción de oliva y ya se han superado las 500 ha, pero
ahora la mayor parte de las nuevas plantaciones se hacen a base de
variedades foráneas, fundamentalmente con Arbequina.
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