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La variedad Empeltre
Es una de las variedades de
olivo más antigua de las que pueden encotrarse en España, y su área de
cultivo tradicional se reduce casi exclusivamente al Valle del Ebro,
desde La Rioja hasta Tarragona.
El nombre de esta variedad hace referencia a que su propagación
se ha realizado tradicionalmente mediante injerto (“empelt”
en catalán) in situ sobre pies de otra variedad
(generalmente sobre acebuche) ya que, al contrario de lo que suele
ser normal en la mayor parte de las variedades de esta especie, su
capacidad de autoenraizamiento es muy pequeña.
Sin embargo, bajo esta denominación se incluyen numerosas
poblaciones que difieren entre si, dado que lo que se injertaba en cada zona
era lo que allí se seleccionaba en función de
criterios propios relacionados con las condiciones
edafoclimáticas e, incluso, según su utilidad principal
(para fruta o para aceite). En la práctica, entre poblaciones de
diferente origen se observan diferencias apreciables en el vigor, en el
porte, en el tamaño y en la forma de los frutos, etc. En
particular la variedad Empeltre tradicional cultivada en el Valle del
Queiles se caracteriza, entre otras, porque sus frutos son más
redondeados.
Actualmente, el cultivo de esta variedad se halla en recesión
pues a pesar de que en todo el Valle del Ebro en general, y en Navarra
en particular, la extensión del cultivo aumenta, lo hace a
costa de otras variedades foráneas, en parte porque el sistema
de propagación por injerto encarece su propagación en
Vivero y , en parte también, porque repitiendo procesos de otros
cultivos tradicionales como es el caso de la uva, la mejora de la
calidad que exige el mercado actual se pretende alcanzar utilizando
variedades foráneas que en su habitat y con las
técnicas adecuadas a sus características, han demostrado
su indudable valor.
No obstante, igual que como se ha demostrado también en el
Sector vitivinícola, si una variedad se desarrolla en su
hábitat natural, se cultiva adecuadamente sin exigirle
rendimientos excesivos y se recolecta y elabora tal como le corresponde
para resaltar sus mejores características, se comprueba que el
producto final, además de ser de calidad, muestra una
personalidad propia y diferente al resto contribuyendo así a
mantener y ampliar la “sensodiversidad”... y la biodiversidad.
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